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Fecha
publicación
31 diciembre 2006 |
Vicente Illescas Martínez
Músico y militante de IU de
Orihuela
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Dame un MI
Por mucho tiempo,
la pasión por la música no era un secreto en nuestro pueblo.
Desde bandas orcelitanas pasando por nuestro “conservatorio”
hasta los famosos y ya desaparecidos grupos de verbenas en las
fiestas de Moros y Cristianos. Hay que estar orgulloso y bien
orgulloso.
Sí, Orihuela brillaba y se le llenaba la boca por su
prestigio cultural y artístico que con el paso de los años,
partiendo de mi más humilde opinión, sigo echando en falta la
inquietud musical de los jóvenes, eternamente ocultada y
retirada al ostracismo. Y no me vengan con cuentos chinos porque
no me creo lo de “yo no sé nada, no he oído nada”, es justo lo
contrario, son muchos los jóvenes que disponen de un
instrumento, que a su vez hablan con un amigo para juntarse
porque el otro día se bajaron una partitura de tal sitio y por
qué no, el otro día conocieron a alguien que toca la batería y
no lo hacía mal del todo. Esto parece el típico comienzo de un
grupo que romperá moldes en el futuro... lástima de no precisar
de un sitio donde poder tocar sin molestar a nadie, sin
problemas vecinales... y yo me pregunto, ¿es tan difícil?
Actualmente y hablando desde la experiencia personal,
hay una disponibilidad nula en cuanto a locales de ensayo, lo
que conlleva a la escasez de conciertos que permitan promocionar
la música Made in Orihuela en nuestro propio pueblo. Algo que a
estas alturas considero una falta de respeto. Somos un gran
número de personas que pese a las adversidades ha tenido que
emigrar para poder expresar su música. Es por lo que hago un
toque de atención a la Concejalía de Juventud que tanto vela por
nosotros que no basta una carpa instalada cada navidad y traer
un personaje mediático una vez al año. Hoy en día, uno tiene la
obligación (que no la necesidad) de desplazarse bien lejos para
disponer de un digno local de ensayo. Que luego viene la
consecuencia: al no haber locales, (eso que se ahorra el
Ayuntamiento) nos damos cuenta de la inexistencia de salas de
conciertos. Está claro que hay cosas más importantes por las que
ocuparse, que en resumidas cuentas, se traduce en la Orihuela
que vela por sus “bares cuantos menos mejor”, sus degradantes y
escasísimas ofertas culturales al cabo del año, la malversación
de fondos y por sus rotondas cuyos aspersores salpican a los
coches al pasar…
En fin, me gustaría ver el uso que le puedan dar al auditorio
que inaugurarán en breve en la calle Aragón. Miedo me da.
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